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lunes, 11 de noviembre de 2013

Hemos visto...



de Carlos Trunsky
miércoles 20 y 27 de noviembre
miércoles 4,11 y 18 de diciembre

Reservas en el Portón de Sánchez:
http://www.elportondesanchez.com.ar/


Teoría de los cuatro humores

La teoría de los cuatro humores o humoral, fue una teoría acerca del cuerpo humano adoptada por los filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los «físicos» (médicos) europeos hasta la llegada de la medicina moderna a mediados del siglo XIX.

En esencia, esta teoría mantiene que el cuerpo humano está compuesto de cuatro sustancias básicas, llamadas humores (líquidos), cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores. Estos fueron identificados como bilis negra, bilis, flema y sangre. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban que cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas.

Los cuatro humores son: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático.

-Sanguíneo: sangre, primavera, elemento aire, órgano el corazón, cualidades: templado y húmedo características: artesano, valiente, esperanzado, amoroso.

-Colérico: bilis amarilla, verano, elemento fuego, órgano el hígado y la vesícula biliar, cualidades: templado y seco, características: idealista, mal temperamento, fácil de enojar.

-Melancólico: bilis negra, otoño, elemento tierra, órgano el bazo, cualidades: frío y seco, características: guardián, abatido, somnoliento, depresivo.

-Flemático: flema, invierno, elemento agua, órganos cerebro y pulmones, cualidades: frío y húmedo, características: racional, calmado, indiferente.

4h es un laberinto coreográfico de Carlos Trunsky que se inspró en los cuatro humores de Hipócrates e incluye sonetos de Lope de Vega , canciones de John Dowland y un tema original de Gabo Ferro, uno de los intérpretes. Otros dos de ellos, Emanuel Ludueña e Ignacio Monná elaboraron las coreografías. A ellos se les sumó Jesús Fernández. Cada uno de ellos “encarna” a unos de los humores y lo representa.

Ludueña y Mazzó hacen un despliegue coreográfico de gran lucimiento tanto en lo propiamente danzñístico sino también en lo actoral. Gabo Ferro, sólido cantante, acompaña con su vos en registros impensados e impensables y Fer Fernández al mando del acordeón le pone música, clima y humor a la puesta.

La puesta misma es ascética, suponemos que adrede para el lucimiento de los intérpretes, de gran potencia dramática como ese eterno por nunca llegar a encontrarse un ganador, juego de las sillas y de las ubicaciones.

El elemento erótico no deja de estar presente como en todos los humores y con todas sus posibilidades e imposibilidades, es un elemento que suma profundidad a la obra.


Mención aparte para la escena de las flores, de una ternura, candidez, pasión y calidez impresionante.


Muy buenas actuaciones, un apuesta a una puesta jugada dentro de los límites del tema, múscica ad hoc muy bien seleccionada, hacen de 4h un espectáculo muy recomendable. 

Vayan a verlo si quieren ver buen teatro.


 

Stabat Mater 

ballet de Damián Malvacio
Octubre CC Rojas

1,

La Madre piadosa estaba

junto a la cruz y lloraba

mientras el Hijo pendía.

Cuya alma, triste y llorosa,

traspasada y dolorosa,

fiero cuchillo tenía.

2.

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta

se vio la Madre bendita,

de tantos tormentos llena!

Cuando triste contemplaba

y dolorosa miraba

del Hijo amado la pena.

El Stabat Mater ("Estaba la Madre", en latín) es una secuencia (himno o tropo del Aleluya gregoriano) atribuida al papa Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi. Se la data en el siglo XIII. Comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa ("estaba la Madre sufriendo"). Como plegaria medita sobre el sufrimiento de María, la madre de Jesús, durante la crucifixión de su hijo.

El joven coreógrafo Damián Malvacio se formó en el Taller de Danzas del Teatro San Martín, que, semillero de muy buenos bailarines y también de promisorios creadores. Malvacio estrenó en el Festival del Rojas de este año su Stabat Mater, sobre música de Pergolesi, re estrenada este mes pasado. Si bien los coreógrafos debutantes suelen comenzar con piezas de formato pequeño, dúo o trío, Malvacio se decidió por un elenco atípico de seis varones y una mujer.

Stabat Mater se sumerge desde el principio en una extraña atmósfera, entre sacra y profana: una mujer lava a un hombre desnudo y desde este cuadro hay una sugerencia religiosa y a la vez sensual. Este es el camino que recorre el coreógrafo, el de una ambigua relación entre erotismo y el ritual sagrado, relación violenta y extraña. La obra está cargada de una fuerte dosis de homoerotismo encarnado en esos seis “hijos” que pelean por el amor de esa Madre, lo equívoco y lo puramente coreográfico se mezclan de modo aparentemente abstracto y delicadamente explícito a la vez.

Recurre a la fuerza y destrezas de los seis bailarines Andrés Rosso, Mauro Cacciatore, Matías Gonzales, Joaquín Toloza, Federico Acquistapace y Facundo Fleitas que sostiene con potencia sus participaciones tanto solistas como grupales sostuvieron. Párrafo aparte merece Sofía Sciaratta que se luce en su equivoco papel de Madre, hembra y mujer sufriente.

Y es de destacar la música conducida de manera impecable por Andrés Gerszenzon y su ensamble de músicos y cantantes de la UBA.

Una obra para ver más allá de lo que muestra, una obra que muestra a un Malvacio solvente, potente y preparado para los grandes retos que seguramente acometerá en el futuro.
Un Malvacio que organiza su obra con un pensamiento puramente coreográfico y no fuerza a la danza a “decir” más que lo que este medio, relativamente abstracto, puede dar de sí.


Reseñas realizadas por Gabino Baliotte